Un investigador de la Universidad de Cambridge, Joseph Bonneau, se preguntó qué idiomas son más adecuados para crear contraseñas a prueba de hacker. Analizó una muestra de millones de cuentas Yahoo, de forma anónima, usando diccionarios distintos según el idioma de referencia.

El resultado fue curioso: el italiano aparecía entre los idiomas más fáciles de atacar, con un porcentaje relevante de contraseñas descubiertas después de pocos intentos. Más allá de la clasificación, el dato recuerda algo importante: una contraseña basada en palabras comunes, nombres o hábitos culturales es más débil de lo que parece.

La contraseña suele ser la única barrera entre nuestra identidad digital y un atacante. Por comodidad usamos siempre la misma palabra, una fecha o una variante mínima. Pero esa comodidad reduce la seguridad.

Una contraseña mejor no tiene por qué ser imposible de recordar: puede combinar palabras personales no presentes online, números, signos y alternancia de mayúsculas y minúsculas. Lo importante es evitar lo obvio y no reutilizar la misma contraseña en servicios distintos.

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